lunes, 17 de abril de 2017

¿Igual que hace cien años?

A continuación, voy a hablar sobre un fragmento de la obra Luces de bohemia.


El fragmento pertenece a la novela Luces de bohemia de Valle-Inclán, un autor que se relaciona con el teatro de la primera mitad del siglo XX y es uno de los principales dramaturgos de esta época.

Con esta obra da comienzo a los Esperpentos, una técnica literaria en la que la realidad se deforma, se emplea la cosificación y animalización en humanos, y también, la humanización en animales. El uso del lenguaje en esta técnica es algo retorcido, a cada clase social se le atribuye una forma de lenguaje concreta.

En Luces de bohemia existe una clara queja contra la vida nacional y en este fragmento podemos apreciar cómo Max, el protagonista, hace referencia a los políticos corruptos que se encuentran en altos cargos. También se menciona el hecho de que una persona importante, como es el inspector, sea hijo del ministro, por lo que podríamos deducir que quizás se encuentre en su puesto gracias a su padre. Todo esto lo observamos en este fragmento:

MAX: ¡Ya se guardará usted del intento! ¡Soy el primer poeta de España! ¡Tengo influencia en todos los periódicos! ¡Conozco al ministro! ¡Hemos sido compañeros!
SERAFÍN EL BONITO: El señor ministro no es un golfo.
MAX: Usted desconoce la historia moderna.
SERAFÍN EL BONITO: ¡En mi presencia no se ofende a Don Paco! Eso no lo tolero. ¡Sepa usted que Don Paco es mi padre!

A pesar de que esta obra se escribió hace casi un siglo, tiene una actualidad sorprendente. En nuestro día a día, solemos escuchar casos de corrupción en el gobierno a cargo de dirigir nuestro país, gente que se aprovecha de su situación para robar o adquirir más poder del que debiera.
Algo que también nos sonará mucho es <ese trabaja aquí por enchufe>, es decir, alguien cercano le ha facilitado el puesto. Esto no quiere decir que esa persona no tuviera cualidades, pero sin embargo, lo ha tenido más fácil que otra en sus mismas condiciones.

Como conclusión a todo esto podemos deducir que nuestro país ha tenido muchos cambios en algunos aspectos positivos, pero sin embargo en otros muchos, la situación es parecida a la que vivían nuestros antepasados hace casi cien años.

domingo, 12 de febrero de 2017

Raíces

El fragmento del texto "Orígenes" de Amin Maalouf hace referencia a las raíces de cada persona. Con esto se refiere a nuestro origen, es decir, dónde hemos crecido, dónde está nuestra familia y más en concreto, dónde están todas las cosas que estamos acostumbrados a tener y que queremos. Esto es algo que no podemos elegir, el lugar en el que hemos nacido y crecido o quién es la persona que nos ha dado la vida, es puro azar. Sin embargo, sí tenemos la opción de elegir dónde queremos vivir en un futuro y cómo.
A las personas les resulta difícil abandonar sus raíces porque siempre existe un sentimiento de cariño hacia el entorno y las personas con las que se han criado. Quizás otro factor por el que resulta a veces complicado realizar un gran cambio, sea el miedo a lo desconocido. Nos resulta más cómodo aquello que ya conocemos y existe un miedo muy común, al que seguramente todos nos hayamos enfrentado alguna vez, el primer día de colegio por ejemplo. Para progresar hay que vivir nuevas experiencias y dejar todo eso de lado.
Por otra parte, en cada lugar existen unos rasgos físicos típicos y también costumbres que suelen caracterizarlo, por ejemplo; los ojos rasgados son comunes en países orientales o el burka entre las mujeres en los países árabes.
Damos por hecho la procedencia de una persona por su apariencia, cuando en la actualidad convivimos con miles con rasgos diferentes. Porque alguien tenga unos rasgos determinados no significa que proceda de algún sitio en concreto, sino que a lo mejor la parte de los orígenes que hereda de sus antepasados si fueran de algún lugar concreto.
La raíces de una persona, al fin y al cabo, son las que lleva consigo en sus recuerdos y conforman su identidad, es decir, quién eres. Puede transmitirlas a generaciones siguientes, sea en el lugar que sea; porque las nuestras no son como las de los árboles, que se ven obligados a permanecer en un mismo sitio toda su vida.